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Hannah Erkes

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  • "Mírame, cosita. El cielo no acepta a las que ya han sido marcadas por un monstruo." Mikaela Krumovich Volkov sabe que el linaje de su sangre debería ser su escudo, pero en este rincón del infierno disfrazado de seda y carmesí, sus apellidos no son más que un eco vacío. Ha despertado en una jaula de lujo donde el aire pesa como el plomo y el peligro sabe a miel encendida. Abel no busca su redención. No busca un perdón que no merece. Él busca una posesión absoluta que desafía los milenios. Con una delicadeza antinatural, él reclama cada uno de sus suspiros, elevando su rostro para obligarla a reconocer al dueño de su cautiverio. Mikaela intenta odiarlo. Intenta huir de la sombra que se cuela en su cama y en su mente. Pero hay una verdad más oscura que las paredes de piedra que la rodean: su propio cuerpo la traiciona, respondiendo con un hambre violenta al pulso de su verdugo. Él no la ama como los hombres aman; él la devora para no morir en su propio vacío. Y ella, atrapada en el abrazo de una estatua de carne y hueso, está a punto de descubrir que ser la elegida de un monstruo es la forma más dulce de destrucción. ¿Es amor si te despoja de tu voluntad? ¿Es pecado si es lo único que te hace sentir viva?

    2026-03-18

    Dulce tentación

    Dulce tentación

    "Mírame, cosita. El cielo no acepta a las que ya han sido marcadas por un monstruo." Mikaela Krumovich Volkov sabe que el linaje de su sangre debería ser su escudo, pero en este rincón del infierno disfrazado de seda y carmesí, sus apellidos no son más que un eco vacío. Ha despertado en una jaula de lujo donde el aire pesa como el plomo y el peligro sabe a miel encendida. Abel no busca su redención. No busca un perdón que no merece. Él busca una posesión absoluta que desafía los milenios. Con una delicadeza antinatural, él reclama cada uno de sus suspiros, elevando su rostro para obligarla a reconocer al dueño de su cautiverio. Mikaela intenta odiarlo. Intenta huir de la sombra que se cuela en su cama y en su mente. Pero hay una verdad más oscura que las paredes de piedra que la rodean: su propio cuerpo la traiciona, respondiendo con un hambre violenta al pulso de su verdugo. Él no la ama como los hombres aman; él la devora para no morir en su propio vacío. Y ella, atrapada en el abrazo de una estatua de carne y hueso, está a punto de descubrir que ser la elegida de un monstruo es la forma más dulce de destrucción. ¿Es amor si te despoja de tu voluntad? ¿Es pecado si es lo único que te hace sentir viva?"Mírame, cosita. El cielo no acepta a las que ya han sido marcadas por un monstruo." Mikaela Krumovich Volkov sabe que el linaje de su sangre debería ser su escudo, pero en este rincón del infierno disfrazado de seda y carmesí, sus apellidos no son más que un eco vacío. Ha despertado en una jaula de lujo donde el aire pesa como el plomo y el peligro sabe a miel encendida. Abel no busca su redención. No busca un perdón que no merece. Él busca una posesión absoluta que desafía los milenios. Con una delicadeza antinatural, él reclama cada uno de sus suspiros, elevando su rostro para obligarla a reconocer al dueño de su cautiverio. Mikaela intenta odiarlo. Intenta huir de la sombra que se cuela en su cama y en su mente. Pero hay una verdad más oscura que las paredes de piedra que la rodean: su propio cuerpo la traiciona, respondiendo con un hambre violenta al pulso de su verdugo. Él no la ama como los hombres aman; él la devora para no morir en su propio vacío. Y ella, atrapada en el abrazo de una estatua de carne y hueso, está a punto de descubrir que ser la elegida de un monstruo es la forma más dulce de destrucción. ¿Es amor si te despoja de tu voluntad? ¿Es pecado si es lo único que te hace sentir viva?"Mírame, cosita. El cielo no acepta a las que ya han sido marcadas por un monstruo." Mikaela Krumovich Volkov sabe que el linaje de su sangre debería ser su escudo, pero en este rincón del infierno disfrazado de seda y carmesí, sus apellidos no son más que un eco vacío. Ha despertado en una jaula de lujo donde el aire pesa como el plomo y el peligro sabe a miel encendida. Abel no busca su redención. No busca un perdón que no merece. Él busca una posesión absoluta que desafía los milenios. Con una delicadeza antinatural, él reclama cada uno de sus suspiros, elevando su rostro para obligarla a reconocer al dueño de su cautiverio. Mikaela intenta odiarlo. Intenta huir de la sombra que se cuela en su cama y en su mente. Pero hay una verdad más oscura que las paredes de piedra que la rodean: su propio cuerpo la traiciona, respondiendo con un hambre violenta al pulso de su verdugo. Él no la ama como los hombres aman; él la devora para no morir en su propio vacío. Y ella, atrapada en el abrazo de una estatua de carne y hueso, está a punto de descubrir que ser la elegida de un monstruo es la forma más dulce de destrucción. ¿Es amor si te despoja de tu voluntad? ¿Es pecado si es lo único que te hace sentir viva?

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